San Ángel

En la época prehispánica existía un pequeño asentamiento indígena tepaneca llamado Tenanitla “en el muro de piedra” dependiente del señor de Coyohuacan.

En la época colonial, los dominicos establecidos en el convento de San Juan Bautista de Coyoacán, fundaron hacia 1535 una ermita o pequeña capilla en Tenanitla con la advocación de la Virgen del Rosario, para enseñanza de la doctrina de los indios, que funcionaba como “visita”. En 1596 la capilla fue dedicada a San Jacinto de Cracovia o de Polonia. Iniciaron también la construcción de un convento, concluido en 1602.

Posteriormente, un noble indígena cedió unos terrenos que estaban junto a Chimalistac, a la orden carmelita para establecerse. El renombrado arquitecto de esta orden, fray Andrés de San Miguel, construyó a partir de 1615 el Colegio de San Ángel Mártir y a partir de 1624 el convento dedicado a la Virgen del Carmen junto con la iglesia que tiene tres cúpulas cubiertas por la exquisita cerámica de Talavera, bellas y sabiamente proporcionadas, descansan en tambores y terminan en pequeñas torres con ventanas. Los frailes crearon una enorme y renombrada huerta cercada en todo su perímetro, que
ocupaba gran parte de la actual colonia Chimalistac; tenía gran cantidad de árboles frutales y obras hidráulicas que aprovechaban las aguas del río Magdalena.

En 1565 el segundo marqués del Valle estableció aquí un molino de trigo llamado Miraflores, que posteriormente pasó por diversos propietarios hasta que en el siglo XVIII se convirtió en una fábrica de papel nombrada “Nuestra Señora de Loreto”. En los siglos XVIII a XX en la calle de la Amargura (virgen de la soledad): se hacía la prosesión de viernes de Dolores.

En 1776 Ramón Goicoechea establece una hacienda dedicada al cultivo de magueyes para producir pulque, y en la época moderna fue el hotel San Ángel Inn, hoy un restaurante con el mismo nombre, que hoy goza de fama mundial.

San Ángel se hizo popular como zona campestre y algunos personajes construyeron residencias que hoy son patrimonio histórico, en los alrededores de la iglesia de San Jacinto, como una casona que se construyó un obispo, otra es la actual casa del Risco, etc.

Durante la guerra de intervención estadounidense, junto con las tropas estadounidenses, 71 soldados irlandeses y alemanes del Batallón de San Patricio que originalmente venían con éstas y se les voltearon luchando con el Ejército Mexicano, pues el 12 de septiembre de 1847 fueron ejecutados en la plaza de San Jacinto, una placa en dicha plaza recuerda su memoria en una antigua casona (Plaza San Jacinto 15) donde actualmente se halla la galería de arte Tocamadera.

Con las Leyes de Reforma, el colegio carmelita fue clausurado, en razón de la Ley Lerdo, las tierras y el edificio fueron vendidos o se los apropiaron diversos particulares, excepto una parte que fue empleada como cárcel y cuartel.

Las nuevas necesidades de comunicación y transporte llevaron en 1866 a la construcción de una línea de ferrocarril entre la ciudad de México y San Ángel. En 1874 el Colegio fue entregado al ayuntamiento de San Ángel. No obstante, porciones importantes del edificio fueron vendidas a un particular en 1891 tras la destrucción de otras, como consecuencia de la prolongación del Ferrocarril del Valle hasta Tizapán.

Desde la segunda mitad del siglo XIX y durante el porfiriato se industrializa con fábricas textiles en el corredor industrial que aprovechaba la fuerza hidráulica del río Magdalena en Tizapán y Magdalena Contreras, y que se sumaban a la antigua fábrica de papel de “Nuestra Señora de Loreto”. Al norte de esta papelera se construyeron viviendas para obreros que aún subsisten (1a. a 4a. cerradas de Altamirano), y que son valiosos testimonios de la arquitectura popular. En 1928 se estableció en el lugar la Fábrica de Papel Loreto y Peña Pobre.

En 1906 se fraccionaron los terrenos de la antigua huerta carmelita para crear la colonia residencial “Huerta del Carmen”, actualmente Chimalistac.

San Ángel cobró fama cuando el 15 de julio de 1928, en el restaurante La Bombilla, fue asesinado el presidente electo de la República, general Álvaro Obregón.

En 1929 se creó formalmente el Museo de El Carmen, con las obras que aún se conservaban del antiguo Colegio carmelita.

Las calles de la colonia San Ángel Inn conjuntan diferentes estilos arquitectónicos como el colonial, mexicano contemporáneo o colonial californiano en sus calles empedradas con piedra bola.

En 1931, Diego Rivera construye su estudio y el de su esposa Frida Kahlo, hecho por el arquitecto Juan O’gorman, junto al restaurante San Ángel Inn, hoy es un museo.

En 1952 el trazo de la avenida Revolución dividió en dos partes a la población, al destruirse gran parte del atrio de la iglesia del antiguo colegio carmelita. En 1955 la extensión de la avenida de los Insurgentes separó San Ángel de lo que habían sido las huertas del colegio en Chimalistac.

En los años ochenta la maquinaria de la Fábrica de Papel Loreto y Peña Pobre se trasladó a Tlaxcala, y su edificio quedó abandonado durante años, hasta que fue convertido en un centro comercial que cuenta con un foro abierto donde se realizan distintas actividades de entretenimiento y culturales. Aquí se encuentra asimismo uno de los dos sitios del Museo Soumaya (1994).

San Ángel es esa anomalía citadina en la que uno se siente en uno de esos “Pueblos Mágicos” de provincia, cuando en realidad uno está a unos metros de Avenida Revolución. La mezcla ciudad pueblecito no deja de ser extraña: sí hay casas coloniales o porfirianas, callejuelas empedradas, restorancitos mexicanos y las mismas artesanías que te encuentras en Tepoztlán. Las casonas tienen un espacio para la gastronomía en la forma de fonda sofisticada.

Una de estas atracciones es el Bazar del sábado donde artistas contemporáneos muestran sus obras en las plazas Tenanitla y San Jacinto, que como su nombre indica sólo abre los sábados. Se trata de un tianguis de artesanías, chácharas, objetos exóticos, arte, diseño, decoración, adornitos y objetos inclasificables pero con ese toque altermundista-fino de México, que te hace pensar tanto en José Guadalupe Posada, en mujeres de clase alta con huipil indígena y en las postales de la época en la que aún se mandaban postales. Además, hay un conjunto de artistas quienes los sábados se juntan a exponer y vender su trabajo.

Otra atracción mimética con ese entorno es la oferta culinaria, hay restaurantes y cantinas a acorde a ese México que se nos fue o que nunca se ha ido.

Es como un antiguo pueblito colonial dentro de la ciudad que se resiste a modernizar su arquitectura y urbanismo.

Nos gusta mucho conservar reductos antiguos que nos dibujan nuestro pasado sencillo, simple, cordial y amable, que ya hemos perdido en la modernidad de ciudades monstruosas y amenazantes que dan más miedo que paz y alegría.

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