Soltero vs. casado. ¿Quién es más feliz?

Si eres un observador como yo, estoy segura de que has conocido parejas felices y también solteros felices así como parejas y solteros infelices. Lo mismo sucede con las personas consagradas a la vida religiosa que las hay plenas y otras no.

Entonces te has preguntado ¿por qué socialmente se presenta a la soltería como una condena a la amargura y a su vez nos prometen que quien se casa obtiene el premio de vivir feliz eternamente?

En casi todas las familias hay una tía que por la razón que haya sido, no se casó, generalmente nos referimos a ella como “mi tía la soltera”, en mi caso, mi tía Chela ha sido la pieza clave que me ha resuelto el enigma sobre si la felicidad tiene que ver o no, con el estado civil de una persona… ella, como muchos solteros es muy feliz. Su secreto: es una mujer generosa que sin ir lejos, vive al servicio de los demás y no hablo de ir a ayudar a los niños de África, sino que las puertas de su casa, de su coche, de su refrigerador y su despensa siempre han estado abiertas para la familia entera, para nuestros amigos y para los amigos de nuestros amigos… cada domingo de mi vida, sin importar si ella amaneció con ganas o sin ganas, sé que tengo un lugar en su mesa y que desde temprano preparó su tradicional carnita con chile, verduras, frijoles con bolillo y arroz rojo, no sin antes pasar a “la hora feliz” que consta de tequilita con botana. Gracias a su hospitalidad y entrega nunca he pasado un fin de semana en que me sienta sola, porque siempre sé que ahí está mi tía Chela en su granja, rodeada de amigos y familia, lista para recibir con una sonrisa a quienes en ese momento queramos llegar y siempre nos sentimos bienvenidos. Es una mujer soltera pero nunca sola, una persona que vive con los brazos abiertos nunca vive sola.

Hay parejas rodeadas de hijos y nietos pero que sienten soledad y vacío porque viven exigiendo, quejándose y esperando recibir algo de los demás que no pueden dar, porque la responsabilidad de ser felices es de uno mismo.

Hoy en día se dice que el matrimonio no es fácil, estoy segura de que la soltería tampoco lo es. No hay camino fácil, cada estilo de vida tiene, como todo, su grado de dificultad, sus propios retos así como sus muchas satisfacciones. Estoy convencida de que el grado de felicidad de cualquier persona, sea soltero, casado o consagrado es directamente proporcional a cuanto se está dispuesto a servir y a amar a los demás.

Luisa Silva

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