El matrimonio imperfecto

Nuestro matrimonio no es perfecto como yo no soy perfecta, como tú tampoco lo eres. Sin embargo, a lo largo de estos años a tu lado he comprendido que en efecto amar es un acto de la voluntad. No elegí sentirme atraída hacia ti, pero sí comenzar a amarte, así como lo hago ahora. Yo te elegí como mi compañero de vida hace ya varios años a través de los cuales hemos tenido momentos felices y momentos en que creímos que todo estaba perdido y que no valía la pena seguir luchando. Aun así, los hemos sobrepasado y hemos decidido seguir unidos y seguir luchando por nuestra familia, por nuestros hijos y, me atrevo a decir, hasta por nosotros mismos.

Juntos hemos visto a nuestros hijos crecer y convertirse en seres con gustos propios, con sentimientos que a veces no entendemos, los vemos avanzar en su vida cada vez más independientes y hemos sido testigos de su florecimiento, aunque en realidad aún sean pequeños capullos.

Hoy, le doy gracias a Dios porque llegaste a mi vida, porque juntos hemos construido lo que muchos otros añoran tener toda su vida y nunca lo logran: una familia. También te doy gracias porque por ti he aprendido que lo que los cuentos de hadas nos hacen creer cuando somos pequeños, no existe; ese “felices para siempre” es precisamente solo un cuento porque esa felicidad, aunque posible, no llega a tu vida como por arte de magia y solo porque contrajiste nupcias.

Esa felicidad ha de construirse día con día. Hay que luchar contra viento y marea: contra el tedio de todos los días, de los años, contra personas que se cruzan en nuestros caminos y hacen que apartemos la mirada de lo más importante, contra una sociedad que descalifica, abarata e incluso ridiculiza los valores de una familia, contra esa idea de que mientras uno seas feliz todo se vale y hasta contra nosotros mismos. Darse uno mismo día a día a esa persona con quien prometiste pasar el resto de tu vida, es la empresa más difícil que cualquier persona pueda emprender. Olvidarse de uno mismo para anteponer a otros y renunciar a lo que nosotros queremos por satisfacer al cónyuge, es una de los actos que más cuestan pues implica vencerse a uno mismo. Ambos hemos tenido que soportar y tratar de vivir con los defectos del otro.

Me queda claro que me alejo mucho de la perfección así que es mayor tu mérito por permanecer conmigo cuando podrías haberte marchado. Hemos recorrido un largo camino tú y yo y por todo lo que hemos vivido juntos y por todo el tiempo que me permitas seguir a tu lado, solo me queda decirte una cosa: gracias por estos años mi amor.

Adela Aranguren

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