UN MUNDO DE PREOCUPACIONES.

“Quien te dijo que la vida es sencilla, te engañó”, suelen sentenciar con grave sabiduría personas que se las dan de gran experiencia, “es la realidad, vivimos en un mundo donde el más hábil y fuerte es el que sobrevive, las calles están llenas de violencia, el sueldo nunca alcanza para mantener a la familia…”

La letanía de las cosas negativas sigue en forma indefinida, parece no tener fin. Como las cenizas descienden del volcán en erupción, cubren todo con su pátina opaca, despojando las cosas de sus colores y brillos naturales.

Los noticieros nos presentan una realidad nacional catastrófica, todo está en crisis, no hay seguridad pública, pues cuando no son las balaceras de los cárteles de las drogas, actúan los secuestradores, los homicidas circulan impunemente, o los asaltantes en los autobuses. ¿Cómo creer en los gobernantes si constantemente se descubren los actos de corrupción escondidos por mucho tiempo con discursos demagógicos?

Precisamente los políticos con sus reformas estructurales prometieron mejoras en la economía nacional, elevaron un diez por ciento el salario mínimo, sin embargo con los incrementos en los precios de los energéticos todos los productos aumentaron sus precios, la inflación ha crecido, mientras el poder adquisitivo de la moneda sigue en descenso. Ya no alcanza para nada.

Los jóvenes no tienen esperanzas, a pesar de que se esfuercen en los estudios, cuando se gradúen no van a encontrar un buen puesto de trabajo, a lo mejor ni siquiera uno mediocre con el cual empezar a hacer experiencia.

Es un mundo de preocupaciones para cualquiera. Deprime; llena de angustia; la vida pierde sentido; las personas se convierten en autómatas que solo están pensando en la forma de solucionar sus problemas.

Efectivamente, la vida no es fácil, pero el enfoque ayuda mucho. Todo obstáculo es una oportunidad para crecer. Primero es necesario despojarse de la angustia, serenarse para analizar esa realidad que está agobiando, a efecto de encontrar las formas en que el actuar propio puede modificarla y encontrarle una solución.

La esperanza de que la situación mejorará, genera confianza en la persona, le permite pensar con claridad, le impulsa a actuar con sentido positivo. No cambiará el mundo entero, pero sí su microcosmos, su ámbito de vida individual y familiar, pues trabajando en las cosas que le ayudarán a solucionar los problemas, de una u otra forma, encontrará una razón de vivir con calma. Los pequeños detallitos le proporcionarán los destellos de alegría como chispas generadoras de nuevas energías renovables.

Cuando se comparte este punto de vista, se convierte en un sistema de ayuda mutua, compartir de manera desinteresada la experiencia para empujar al otro hacia arriba en la consecución de las metas, con lo que ganan tanto el que recibe como el que da. Así el que era un desconocido se convierte en un amigo, en un compañero de viaje.

La esperanza de un mundo mejor no es una ilusión utópica, es el fruto de la confianza en el esfuerzo propio y el trabajo en equipo. Es la esperanza que surge de la confianza en que su palabra siempre se cumple para tener una vida mejor, razón por la cual le ponen más ganas en la alegría de vivir.

Phillip H. Brubeck G.

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