Séneca y el enojo

El enojarse es muy fácil, sin embargo saber con quién, por qué y con qué fuerza. Es dificilísimo (Aristóteles)

En el año 65 d. C., el emperador Nerón ordena a su preceptor Séneca que se suicide como símbolo de su obediencia y estoicismo, el filósofo acata su destino sin poner alguna resistencia. Su filosofía trataba acerca de la virtud como la única fuente posible de felicidad.
Antes de tener cualquier emoción somos capaces de elegir si nos dejamos llevar por ella o controlarla. Para esto, debemos darnos cuenta de lo que nos hace enojar…
Para esto es necesario saber qué parte es la más débil para protegerla por medio de la razón, ya que no nos despojamos de la sensación de dolor sino del nombre de ultraje, que no se puede admitir mientras la virtud esté a salvo. Pongamos un ejemplo: La que hay entre dos gladiadores de los más esforzados, uno de los cuales se aprieta la herida y se mantiene en pie, el otro, mirando al público que grita, le hace señas de que no es nada y no consiente que se interceda por él. Para esto hay que pensar:
«¿Eso me sucede merecida o inmerecidamente? Si merecidamente, ofensa no es, es juicio justo; si inmerecidamente, debe avergonzarse el que cometió la injusticia.»
Cualquiera de las dos respuestas no deberían enfadarnos, sino entonces nos reímos de unas cosas y nos enojamos de otras, sin usar la razón caemos presas de nuestros propios sentimientos y se nos olvida ver la realidad.
Que soporte ofensas y palabras desvergonzadas y deshonras y demás bajezas como si fuera el griterío de los enemigos y tiros lejanos y piedras que restallan alrededor de los cascos sin herir a nadie; que resista los ultrajes como las heridas, hundidas unas en las armas, otras en el pecho, sin dejarse caer, sin ni siquiera dejarse desalojar de su puesto. Aunque te veas cercado y acosado por el ímpetu enemigo, es vergonzoso ceder: defiende la posición que te asignó la naturaleza. ¿Quieres saber cuál es esa posición? La del hombre.
  • Paciencia- calma las pasiones y nos hace pensar correctamente, por lo que debemos tomarnos un segundo para identificar cómo nos sentimos y por qué nos sentimos así para actuar de la mejor manera posible.
  • Sonríe- nuestras caras moldean nuestro interior. Burlarse de uno mismo es sano para el alma y evita que nos enfademos por cosas que son ciertas, y si no lo son, entonces no hay ni qué molestarse.
Quien se enoja es muy sensible a todo aquello que se le debe, y son ciegas ante lo que han recibido.
Por lo que enojarse tiene que ser con causa y motivo justificado, sino se vuelve un mero capricho.

El éxito de la ofensa estriba en el sentimiento e indignación del que la sufre.

 Es  por eso que quien es más probable de que nos insulte es un ignorante, quien no conoce lo que debería y por eso se burla. En cambio, el sabio como sabe quién es, no cae en enfados porque ya lo ha pensado antes.
La libertad no es no sufrir nada, estamos equivocados: la libertad es sobreponer el ánimo a los ultrajes y hacerse a sí mismo tal que sólo de sí mismo provengan los motivos de alegrarse, separar de sí mismo las apariencias, para que no haya de llevar una vida agitada si teme las risas de todos, las lenguas de todos.
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